Hoy día tener una identidad es tan importante como respirar. Vivimos en un mundo turbulento, difícil y desconocido. Somos la generación del nuevo milenio, entre todos estamos construyendo las bases de un mundo cada vez más avanzado, y cómo lo hacemos?
En primer lugar nos sentimos perdidos, y si nosotros nos sentimos así imaginemos cómo se sienten los más jóvenes. Vivimos en un mundo donde todo es instantáneo, rápido, fugaz y efímero. El problema es que no lo asimilamos bien, y es normal, en unos pocos años hemos experimentado el mayor crecimiento tecnológico de nuestra historia, y adaptarse a ello no es nada fácil, cómo va a serlo?
Nuestros padres han crecido y asimilado unos valores que, muchos ya no concuerdan con los tiempos que corren, y eso es un problema, pero imaginad a los mas pequeños, en qué piensan los jóvenes?
Buscan de una forma obsesiva una identidad a la que le permita agarrarse ante el agitado mundo que les rodea. Pongamos dos ejemplos perfectamente observables, la moda, la música y el amor. Nunca nadie se ha parado a pensar por qué ahora se pone de moda lo vintage? Vemos a muchos chicos y chicas con gafas de los años 50 y 60, sombreros, chalecos, ropa que recuerda a una época pasada, aparentemente segura, con un significado. Una música que consiste en mera basura comercial, entra fácil, sale fácil, carente de mensaje, viene y va continuamente, aquello que a muchos les gustaba hace tan solo seis meses ya no se escucha.Y además parece que todo se centra en el amor como fijación obsesiva, entonces podemos decir que la necesidad de amor y la estética vintage, por ejemplo, es lo que parece que podemos observar a menudo con tan solo salir a la calle, y cómo no va a serlo? La estética sirve a muchos como una forma de autoafirmación, algo que les aporta una falsa sensación de seguridad, ya que idealizamos el pasado, pues nos parece seguro, acogedor y cálido. Y el amor, qué podemos decir del amor? sufrimos más que nunca por amor, lo buscamos ya no sólo por encontrar un sentido a lo que nos rodea, sino por el hecho de huir de una soledad y una ansiedad que no sabemos cómo aplacar en una sociedad consumista, donde todo va y viene, donde ya nada parece seguro y estable, lo que nos recuerda al tema de las medias naranjas (el hecho de necesitar a alguien para completarnos) y al clásico de Lennon "All you need is love".
Somos, además, puramente egoístas, (post Decadencia de Occidente) ya sólo queremos divertirnos, pasarlo bien, emborracharnos y olvidarnos, y no es que salir de marcha sea algo negativo, en absoluto, lo que es negativo es esa fijación obsesiva, pues de este modo entramos en una espiral de autodestrucción. De un modo mucho más individual, cada uno busca una fijación, ya no sólo en la identidad y el amor, necesitamos encontrar algo que le de sentido, por ejemplo, una fijación casi obsesiva sobre un tema concreto. Algo que nos hace decir, si, pertenezco a esto, estoy en esta comunidad de gente que comparte este tema y así es como yo soy, es parte vital de mí.
Buscamos obsesivamente todo aquello que nos haga sentirnos más seguros en un mundo donde cada vez queremos profundizar más en nuestros asuntos, como por ejemplo, la amistad, como a la vez queremos explayarnos en el mismo tema y conocer más gente. Algo que nos es difícil compaginar, pues "quien mucho abarca, poco aprieta", ya hasta parece que la pareja y los amigos tengan fecha de caducidad y esto nos provoca una enorme inestabilidad, así como un gasto de energía y un sufrimiento que se va acumulando poco a poco. Al final nos encontramos que vivimos en un mundo donde gran parte de nuestras relaciones son impersonales y no paramos de conocer gente, ya no nos impresiona que a fulanito le pase esto o a menganito le pase lo otro, cuanto menos conocemos a alguien, menos nos importa lo que le pase. Casi hasta parece que cada uno juegue al mismo juego e interactuemos de una forma casi absurda, somos insensibles en muchos aspectos. Mucha gente, por ejemplo, huye de todo esto y se encierra en un mundo virtual y cibernético para huir de todo, pues tenemos tanto a nuestro alcance que no sabemos lo que queremos.
Los jóvenes somos la apatía personificada, estamos desorientados, perdidos y vamos a la deriva. Mucha gente sabe esto y se aprovecha de nuestra condición vulnerable, como por ejemplo, las redes sociales, las compañías telefónicas, las compañías informáticas, las compañías de videojuegos, las empresas de moda, los partidos políticos, las empresas de bebidas alcohólicas, etc.
Por eso es necesario que entendamos y aceptemos el mundo en el que vivimos, y que aprendamos a convertir ese miedo al futuro en un desafío positivo. Estamos ante un mar inexplorable, que necesita ser descubierto, necesitamos encontrar nuestro significado, es un yo contra el mundo.