viernes, 30 de marzo de 2012

Pragmatismo y Cambio Social


El mundo ha cambiado completamente, ya de nada sirven las anticuadas fórmulas del siglo XX.
Hablar de guerrillas urbanas es completamente inviable. ¿Qué significa hoy día un grupo de cientos o de incluso miles de guerrilleros? Para papi USA, líder indiscutible del capitalismo de nuestros días no significa nada. Un grupo armado adquiere realmente tanta importancia como los mosquitos en verano, nunca serán lo suficientemente fuertes para atravesar la mosquitera, unos mosquitos que se pueden aplastar y sobretodo olvidar, en un abrir y cerrar de ojos. Una mosquitera que hemos tejido y todavía tejemos entre todos.

Para realizar el cambio social hay que ser pragmáticos en su totalidad. La vieja fórmula de la violencia política es completamente inútil. No sólo no vencerán, sino que ni siquiera convencerán. ¿Por qué?

Porque estamos viviendo en un nuevo milenio, el viejo y agitado siglo XX hace ya tiempo que quedó atrás. ¿Cuáles son los problemas principales que hacen que todavía sigamos diciendo que el mundo apesta y que no hemos avanzado? Una vida de entera comodidad, una juventud carente de motivación, conciencia social y totalmente aferrada al más puro individualismo egoísta labrando y cuidando cada día nuestro propio y sobresaturado yo, tanto individualismo y tanta soledad detrás de las pantallas nos mata. ¿Una vez que hemos llegado a un nivel de vida donde tenemos comida bajo la mesa qué más se puede hacer? Lo ideal sería que ya que resolvimos nuestros problemas primarios, falta resolver los problemas del resto del mundo, pero ahora lo que tenemos es, en su gran mayoría, una vida dedicada al más puro onanismo filosófico.
¿Qué le va a importar al joven medio preocuparse del conflicto palestino-israelí cuando va a llegar a casa de sus padres, va a tener comida caliente en el plato, una cama y un ordenador? La mayoría de nosotros estamos corrompidos filosóficamente por nuestro propio egoísmo.

La filosofía Occidental se muere de egocentrismo. El mundo se muere de comodidad, de egoísmo y de obesidad en los países ricos, mientras que en los países no tan ricos se mueren de hambre. ¿Pero repito, qué importancia tiene esto? Ninguna, y hay que ser realistas, las vidas humanas no valen nada, nada. ¿Una vida humana no significa nada, eso es así, si mañana nos enteramos de que han muerto miles de personas por una inundación en algún país de Oceanía qué nos va a importar? La gente sólo se mueve  por aquello que les afecta directamente. ¿Qué pasaría si en esa remota isla de Oceanía hubiese estado alguien de nuestra familia, algún amigo o nuestra pareja? Nos habría cambiado la vida.

¿Y qué significa una vida dedicada a uno mismo? Nada en absoluto, será una vida de frustración, de una interminable búsqueda de satisfacer el propio ego, basura. Para que una vida realmente cobre sentido, tenemos que convertirnos en ese motor del cambio. Conciencia social. Porque nada adquiere realmente tanta importancia como una vida dedicada a mejorar el mundo poco a poco. Nunca renunciar a nuestra individualidad, desde luego, pero tampoco alimentarla hasta el empacho. ¿Por qué? Porque somos seres sociales, nacemos, crecemos y morimos en la sociedad.
La conciencia social salvará nuestro mundo. Debemos aprovechar herramientas tan útiles como son Internet para poder crear esa conciencia social, esa solidaridad, esa unión global que nos permita entre todos crear un mundo cada vez más justo e igualitario.
Y emana tanta importancia en esta conciencia, inculcada desde una educación basada en una visión como seres sociales, la igualdad, la empatía y la visión abierta, para crear una mente despierta.

Esta mente despierta, esta conciencia es la única capaz de atravesar todos los muros existentes.Es la única fórmula para el cambio social pragmático. Es la única manera real de poder cambiar el mundo.

jueves, 22 de marzo de 2012

Cultivando las relaciones

Toda relación es una relación de poder.

Un continuo tiro y afloja, si das mucho te estampas, si das poco también. Pero no es tan complicado como aparenta.

Es como cuidar un bonsai, unas temporadas tendrás que regarlo bastante, otras bastante menos, siempre atento y cuidando los detalles, si sale alguna imperfección trátala en su momento y no esperes a que se haga grande, se tuerza y lo fastidie. Unas personas matan al bonsai cuando se preocupan demasiado y lo ahogan por exceso de riego, otras personas lo descuidan y lo matan de sed. No es algo que de demasiado trabajo, hay que dedicarle su tiempo, pero requiere su atención y la confianza y autoestima necesaria para saber llevarlo.
Lo que nunca podemos hacer es que ese bonsai nos anule como individuos, porque todo es efímero y ante todo debemos seguir creciendo nosotros mismos.

Así que antes de embarcarte en una aventura por el estilo, prepárate, cuídate y medra como individuo. Cuando una persona es segura de si misma y tiene una confianza desbordante está preparada para todo lo que venga, sabe dar y recibir. Sin embargo la persona dependiente está continuamente cegada por el miedo y este pasa a dirigir la relación, no puede concebir la pérdida y sólo da y da.

El cuidado del bonsai cambia constantemente por las estaciones del año, primavera, verano, otoño e invierno. Si sabemos controlar el tiempo y manejar las etapas ya está todo hecho. Y podremos lucir nuestro bonsai tan ricamente.


martes, 6 de marzo de 2012

Surcando la vida

El orgullo, el respeto y la autoestima son el barco con el que manejamos nuestra vida desde que nacemos.
El amor no es más que las aguas que vamos surcando de cuando en cuando.

Es por eso que uno tiene que saber dirigir la embarcación siempre y en todo momento. Firmes  y orgullosos de nosotros mismos. Porque cuando uno no tiene barco o no sabe dirigirlo es un náufrago a merced de las aguas en las que caiga. Y nunca debemos darle a nadie ese control sobre nuestras vidas.

El hombre inteligente es aquel que sabe dejarse llevar y disfrutar y también sabe ser pragmático cuando se necesita. Así que en momentos difíciles, cabeza fría y pensando siempre en nosotros.

Tus labios no valen nada, y a mí no me joden dos veces.
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